Era oscuro, ni siquiera veía las piedras del sendero por el cual caminaba, tenía miedo, mucho miedo. Intenté refugiarme detrás de una roca.
Oía voces, voces... horrorosas... Entonces un chillo horripilante hizo silenciar a todos aquellos temibles sonidos que me susurraban silenciosamente miles y miles de palabras a mis dos sensibles oídos. Ahora todo estaba en silencio, durante unos instantes creí que todo se había acabado, pero no, el silencio me aterraba aún más que aquellas voces que, al menos, podía ignorar.
Esperé detrás de aquella húmeda roca a que por fin amaneciera, pero nunca... nunca amaneció... El miedo se apoderaba de mi ser y noté como si aquel lugar te absorbiese el alma por cada segundo que estuvieras allí. No tuve más remedio, tenía que salir de allí. Me armé del poco valor i de la confianza que todavía se cobijaba dentro de mí y comencé a vagar por aquel lugar tan solitario buscando una única cosa ; la salida.
No anduve demasiados pasos y una sombra comenzó a seguirme con la mirada, sentía que me desplomaba, como si de una bala que me hubiera atravesado el corazón se tratara.
Cuando volví en mí estaba en un lugar extremadamente familiar, estaba estirado en la cama llena de arrugas, como si nada hubiese pasado segundos atrás. Entonces comprendí que tan solo se trataba de una peculiar y terrible pesadilla.





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